Sistemas agroalimentarios contribuyen a la seguridad alimentaria para superar la pandemia del COVID-19

Se debe generar espacios de construcción de alternativas y estrategias para apoyar a la agricultura familiar campesina en todos sus procesos productivos y de comercialización en el marco de la pandemia, nos explica Yery Gallardo, Director General de Proyecto de Desarrollo Comunitario (PRODECO), institución miembro del Grupo de Trabajo Cambio Climático y Justicia (GTCCJ).

¿Cuál fue la situación de la seguridad alimentaria en el 2020?

Yery Gallardo: Sin duda que la pandemia ha generado procesos críticos en la seguridad alimentaria, con efectos diferenciados.

En las familias urbanas (clase media) por ejemplo, se ha dado procesos de escasez alimentaria y alza de precios de alimentos, produciendo una disminución del consumo de alimentos y procesos de racionamiento de ciertos productos.

En tanto que las familias urbano migrantes, que generalmente son comerciantes minoristas, albañiles, choferes asalariados, etc. realmente en su momento e incluso ahora, se hallan en situación de inseguridad alimentaria, debido a su alta dependencia de sus ingresos económicos diarios (alta dependencia del mercado, que los hace más vulnerables). Los programas del estado (canastas alimentarias) deberían orientarse a este segmento.

Por su parte, las familias rurales, pequeños agricultores son las que menos efectos negativos tuvieron en su consumo alimentario al ser productores de alimentos. Sin embargo, se vieron afectados sus ingresos económicos ante la imposibilidad de movilizar y comercializar su producción. Por ejemplo, doña Juana del municipio de Presto, provincia Jaime Zudáñez, departamento de Chuquisaca, comentó que la pandemia tuvo un efecto positivo, porque se ha revalorizado e incrementado el consumo de alimentos y “comidas” ancestrales en los/as niños/as y adolescentes y población en general, dejando de lado alimentos como arroz, fideo, aceites, etc.

¿Qué eventos han marcado trascendencia en este tema? ¿Qué hechos han preocupado más?

Yery Gallardo: Entre estos eventos se pueden mencionar:

  • Procesos de escasez generalizada de alimentos, acompañados de un alza de precios.
  • Movilización familiar para la acumulación de alimentos en los distintos mercados y tiendas comerciales.
  • Imposibilidad de los pequeños productores para encarar procesos de comercialización, situación que en muchos casos ha generado pérdidas importantes, sobre todo en el rubro de hortalizas y frutas, lácteos, etc.
  • Los pequeños productoresenfrentancada vez mayores dificultades para acceder a insumos, como semillas, debido a las subidas de precios de esos insumos, la reducción sustancial de los ingresos familiares o la falta de disponibilidad de esos insumos en los mercados.
  • La reducción de la producción de alimentospodría tener graves implicaciones para la disponibilidad de alimentos. Si disminuye la siembra, también se reducirán las cosechas, lo que significa que las propias familias de agricultores, a menudo entre las más afectadas por la inseguridad alimentaria aguda, y sus comunidades y población en general no podrán acceder más adelante a alimentos nutritivos suficientes.

¿Cómo pueden contribuir los sistemas agroalimentarios, en el contexto de la pandemia, en la alimentación de la población? ¿Cuáles son los retos y oportunidades?

Yery Gallardo: Los sistemas agroalimentarios pueden contribuir al aprovisionamiento de alimentos de calidad y saludables a la población. A encarar procesos de comercialización más directa entre el productor y el consumidor, evitando la intermediación e incremento de precios. Y contribuir a la seguridad alimentaria (en cuanto a la disponibilidad, acceso, estabilidad e inocuidad de alimentos) para superar la pandemia del COVID-19. Existe una correlación entre nutrición saludable y capacidad de respuesta inmune de nuestro organismo frente a cualquier enfermedad, lo cual es posible sólo accediendo a una oferta constante, diversidad y calidad de alimentos.

Entre las oportunidades se tendría una alta demanda de alimentos saludables, libre de agrotóxicos.

Uno de los retos es desarrollar protocolos de bioseguridad para encarar procesos innovadores de comercialización seguros. Segundo, desarrollar guías y buenas prácticas para los actores a lo largo de toda la cadena agroalimentaria; a la preocupación sobre la inocuidad ahora se agregan las alarmas sobre la salud de sus operarios y cualquier posible contagio hacia los consumidores. Y tercero, asegurar la producción y comercialización de alimentos en tiempos de pandemia.

¿Cuáles son los desafíos para trabajar como colectivo nacional el 2021 en el tema de seguridad alimentaria?

Yery Gallardo: Se debe generar espacios de construcción de alternativas y estrategias para apoyar a la agricultura familiar campesina en todos sus procesos productivos y de comercialización en el marco de la pandemia. Que no sea solo libre (la producción) de agrotóxicos, sino libre de COVID y otros virus. Por último, apoyar a generar sellos de garantía e inocuidad.